Cuando me llamó para decirme que se piraba de la casa sabía que perdía uno de mis mejores arrendatarios, cuando me dijo que me pagaba hasta marzo casi se me saltan las lágrimas. El único contrato que teníamos era un apretón de manos y un buen precio por el alquiler. Hasta entonces sólo había alquilado mi casa a amiguetes. Durante un par de días pensé en quién podía ser el siguiente. Ya no había más, había que poner anuncios, colocar un cartel, hablar con hambrientas agencias... a medida que lo pensaba mi pereza se convertía en mal rollo. Incluso puse un anuncio para venderlo. Tan caro que si me hubiera llamado algún pardillo se lo hubiera vendido. Pero no, no me llamaron y puse un anuncio para alquilarlo. Justo antes de enclaustrarme cinco días en IFEMA. Creo que nunca he tenido más llamadas perdidas en mi vida. Al principio contestaba todas las llamadas y derrochaba simpatía a raudales, a la llamada número diez empecé a contestar de forma aleatoria y ser menos majete. Terminé por no coger ninguna llamada.
El lunes tuve tres visitas:
1.- Pareja nº1: Ella una rabisalsera que tenía que demostrar que ella era la más dinámica de su promoción hasta cuando no viene a cuento. Él un bulto sospechoso que sólo emitía extraños sonidos para respaldar las opiniones de su piba. Había quedado con ellos a las 10:30. A las 10:32 ya me estaba llamando al móvil para decirme que me estaban esperando. Soy el del coche delante tuyo - tía nerviosa. No les gustó ni un poco. No era suficiente para dinamic girl.
2.- Pareja nº2: Ella también era la que hablaba en la pareja. Sin embargo, esta vez se trataba de la versión simpatía. El tío se ponía y se quitaba un gorro de lana todo el rato mientras me miraba con desconfianza. Me puse muy en mi papel de vendedor y me di cuenta que les gustaba la casa. Quedamos en que me dirían algo. A las pocas horas me llamó ella para contraofertarme. Déjamelo pensar, le contesté como una mala pécora que sabe que tiene otro as en la manga.
3.- Familia telerín: Había quedado con una chica. No aparecía, así que tras un intercambio de llamadas me fui a buscarla pq se había perdido. Cuando nos encontramos iba en coche con su padre y su hija. Eran Colombianos. En seguida me di cuenta de que eran buena gente. Me subí al coche y fuimos hasta mi casa. La niña se había pegado un castañazo en el recreo del cole y tenía una ceja moradísima e iba dormida atrás. El abuelo la cogió en brazos y entramos. Me lo alquilaban ya, a los tres minutos de la visita guiada. No hacía falta que les ensañara ni el garaje, ni la piscina. Era el piso precisamente allí lo que les hacía falta.
Les dije que tenía que decírselo a la primera pareja pues me habían hecho una oferta. Me sentí fatal pues parecía que estaba buscando una excusa para no alquilárselo por ser Colombianos. La pareja nº2 se plegó al precio inicial y tuve que realizar una de las llamadas mas chungas que he realizado para decirles a la familia colombiana que esa, de momento, no iba a ser su casa.