Intento no leer sobre el accidente de Spanair, además de hacerme dudar sobre la salud mental del periodismo en general no puedo evitar alimentar mi poca afición a volar. Sé que esta aversión a subirme a un cacharro de miles de kilos que va a cientos de kilometros por hora por encima de las nubes no es racional y que con datos en la mano a lo que no debería de subirme es a un coche, trasto con el que me transporto todos los días.
Lo que me sucede cuando me subo a un avión es lo que me pasaba cuando me montaba en alguna montaña rusa o aparato de tortura similar, no pensaba si aquello iba rápido o si el estómago se me ponía del revés - que se me ponía - sino que durante el tiempo que duraba la atracción sólo pensaba en que ibamos a descarrilar, que algún mecanismo se iba a soltar o que los seguros se iban a levantar saliendo despedido hacia un galletón de grandes proporciones. Supongo que atesoro algún trastorno obsesivo compulsivo porque es subirme a un avión y empezar a darle vueltas como tiene que ser el momento entre que parece que pasa algo y pasa de verdad. Por eso me sudan las manos en los despegues, me quedo callado y envarado a la más mínimo movimiento extraño, observo cualquier comportamiento no habitual de las azafatas... Por eso he dejado de leer y de escuchar noticias sobre el accidente de Spanair ( y sobre los 18 que el gremio de desinformadores ha decidido poner en primera página estos días ), no puedo dejar de pensar en como se tuvieron que sentir entre el momento en el que se dieron cuenta de que el despegue no iba bien y se estrellaron. Y como siga haciéndolo no voy a volver a montar en avión en mi vida a menos que me chute con una megadosis de Orfidal.

El fallecimiento de más de ciento cincuenta personas es lo único importante, y oculta el hecho de que, al haber acontecido la desagracia en época vacacional de los perolistos 'de plantilla', los media de mierda españoles han mandado a sus hordas de becarios a hacer méritos, llenando así hojas y hojas de morbo de tercera, para redactar nauseotitulares. Qué grima, por Dios.
Publicado por: Hans | agosto 27, 2008 en 01:45 p.m.
lo que te pasa a ti con los aviones y la montaña rusa me pasa igual a mi pero con los sandwiches de más de siete pisos. no puedo tener uno entre las manos porque pienso que se me van a desmontar al primer bocado, mucha ansiedad
Publicado por: dwalks | agosto 27, 2008 en 06:40 p.m.