Dos de mis inconfesables objetivos vitales son jubilarme antes de los 45 ( bueno, éste se lo cuento a todo al que quiera escucharlo) y vivir cuanto antes de mi pareja. Ésto último ya no va a suceder, hace unas semanas estuve lo más cerca que voy a estar de ello. Es de esas veces en las que eres consciente de que está pasando el tren que tenías que coger, que no va a haber otro. Me enteré cuando ya no había vuelta atrás, cuando ya era tarde. Teníamos que haber cambiado de ciudad, tendríamos que haber buscado casa, colegio para el niño... Ella tenía el trabajo que podía haber permitido vivir todos de él, ¿Qué más daba lo demás? Le dijeron que con la parte económica no había ningún problema. Era como el Manchester City extendiendo un talonario bien lleno de ceros para fichar a Robinho. Y dijo que no. Intenté hacerle ver que era una oportunidad única tratando de que no se notara mi legítimo interés. Quizá fue porque mientras lo hacía no podía quitarme de mi cabeza la imagen casi, casi real de estar desayunando mirando al mar, leyendo los periódicos del día y haciendo tiempo para irme al curso de macramé avanzado; el caso es que no la convencí. Estas oportunidades sólo pasan una vez en la vida. Ahora a jugarlo todo al plan A.

Siempre te quedará la esquiva y voluble bonoloto... Suerte
Publicado por: vitore | septiembre 27, 2008 en 10:07 p.m.
no nos engañes... si eres feliz en la oficina con nosotros!
a quien ibas tu a contarle tus achaques diarios sino?
Publicado por: anuska | noviembre 07, 2008 en 05:23 p.m.